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Doña Ana, una historia de cacao

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Ana María Banegas Cuenca tiene 54 años de edad; cuando era niña, una intensa sequía en la provincia de Loja, obligó a sus padres a migrar. La provincia de Zamora Chinchipe, ubicada en la amazonia ecuatoriana fue su nuevo hogar. Entre encuentros con animales silvestres en la tupida selva y la agricultura que le enseñaron sus padres, fue domesticando semillas que le han acompañado hasta hoy: como las de cacao.

Hace 34 años, desde que se casó, Ana se trasladó a vivir al Barrio Los Hachos del cantón Yantzaza, en una propiedad de su esposo. Entre matas de cacao y árboles frutales se criaron sus 7 hijos, 2 varones: Klever, egresado de la universidad de Administración de Empresas; Freddy, chofer profesional; y 5 mujeres: Mónica, modista; Alicia, profesional de belleza y ama de casa; Graciela, ama de casa; Alba, enfermera y Esthela; la más chica, de 19 años, quiere ingresar a la universidad a estudiar computación.

Ana es inquieta, nunca se ha quedado con las ganas de aprender e intercambiar conocimientos. Ella recuerda que en el 2006 participó en un encuentro con productores de cacao de la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas, ubicada al norte del país. Este encuentro, despertó su curiosidad por convertir a sus plantas de cacao, en otra producción, una producción rentable.

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Intercambio de conocimientos entre productores de Manabí (capacitadores) y productores de Zamora sobre manejo agrícola de cacao, participa Ana Banegas.

Ana está segura de la rentabilidad de la producción de su finca. Ella provee algunos sacos de cacao orgánico a una organización exportadora de cacao nacional fino de aroma, por los que recibe 130 dólares por cada uno. Sin embargo, su negocio es la transformación del cacao en chocolate.

Un año de cambios importantes

La Fundación Heifer Ecuador a través del proyecto “Comercio justo y emprendedores rurales: apoyando la comercialización asociativa de cacao fino de aroma y café para la exportación” trabaja con 4 organizaciones de campesinos y campesinas: Fortaleza del Valle que actualmente agrupa a 950 familias productoras de cacao, la Federación Provincial de Organizaciones Campesinas de Zamora Chinchipe (Feprocazch) que ahora cuenta con 150 socios productores de café y cacao, Sisañán que agrupa a 35 familias cacaoteras y la Asociación de Cafetaleros Ecológicos de Palanda (APECAP) que aglutina a 249 productores de café y cacao, en este momento. Directamente el proyecto apoya a 1319 familias. Trabajamos en las provincias de Zamora Chinchipe, en la amazonia y en Manabí, en la costa del Ecuador. El objetivo es incrementar la productividad, generar mejores ingresos para las familias, agregar valor y diversificar mercados para la comercialización de cacao fino de aroma y café.

El año 2015 doña Ana conoció el trabajo de Heifer Ecuador, para ese entonces ella transformaba artesanalmente el cacao: “yo ponía a escurrir el cacao en latas, lo cubría con hojas de plátano, lo fermentaba durante 3 o 4 días. El secado del cacao lo hacía encima de tablas de madera, lo tostaba en una paila a fuego lento, hasta que salga la cascarita. Después, lo pelaba a mano; cuando estaba limpiecito, lo molía, lo pasaba hasta 3 veces por el molino… todo a mano”. Así era como Ana hacía chocolate amargo que envasaba en tarrinas de media libra y que vendía a sus vecinos en 1 dólar. “Me compraban todo lo que hacía”. En ese entonces, ella recibía, solo de la venta de chocolate, 270 dólares al mes.

Ana ha diversificado sus fuentes de ingresos a través de la venta de materia prima y de la venta de producto transformado.

El proyecto “Comercio justo y emprendedores rurales: apoyando la comercialización asociativa de cacao fino de aroma y café para la exportación” que Heifer Ecuador desarrolla en la provincia de Zamora Chinchipe, conoció el trabajo de esta emprendedora y también sus necesidades. Era preciso que su labor sea realizada en mejores condiciones, así fue que la invitaron a formar parte del proyecto.

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Maquinaria a la que tuvo acceso con el Compartir de Recursos.

En marzo de 2015, Ana participó en un intercambio que se realizó como parte de las actividades de la Feria de la Pachamama Raymi en Zamora, organizada por el gobierno de la provincia, en donde conoció a una persona que le dijo cómo hacer chocolate dulce. “Me dio una receta, me dijo que bata el chocolate con azúcar, de a poco. Al principio se me quemó el chocolate; luego, se me quemó el azúcar; pero cuando a mí se me mete una idea, nadie me gana… y me fui inventado poco a poco. Ahora, hasta chocolate en polvo hago”. Su amor al cacao nacional fino de aroma hizo que Ana conforme la Asociación de Pequeños Productores de cacao, café y otros (APECACAO), que es una organización familiar, legalizada en este año. Ana es la presidenta.

APECACAO agrupa a 11 familias. Los hijos de Ana, que son parte de esta asociación familiar, también producen cacao. Cada uno es responsable de una parte de la cadena de valor. Los conocimientos adquiridos en las capacitaciones en campo organizadas por el proyecto, en las que han participado Ana y sus hijos, les están permitiendo realizar un manejo técnico del cacaotal bajo un sistema agroforestal, apoyados en prácticas como podas para control de enfermedades, elaboración de abonos y bioles para fertilizar del suelo y mejoras en la cosecha y poscosecha.

Ana ha participado en 3 talleres. Klever, su hijo, ha participado en 7 talleres. Freddy, en 4 talleres en campo. Sus hijas también han acompañado en algunas capacitaciones. “Hemos aprendido de todo… Manejo de cacao en finca, procesamiento, fermentación, transformación, contabilidad. Mi hija Alicia participó en un taller de fundamentos de Heifer que la cambió totalmente. Con estas capacitaciones las plantas están cada día mejor, están cuidaditas, limpiecitas, hermosas. Antes cosechaba 16 quintales, ahora 25 quintales al año.”

Compartir para mejorar

Su productividad en finca ha mejorado en un 36% y la demanda del producto transformado también. Adicionalmente, la participación en el proyecto de Heifer Ecuador le ha permitido recibir recursos por un monto de 1500 dólares a través del fondo del compartir. Con esto pudo adquirir una máquina para moler con una capacidad de alrededor de 5 quintales de cacao, una selladora grande, cuyo costo es de alrededor de 360 dólares, 20 hojas de zinc para tapar el área de fermentación y 20 quintales de cemento para construir el piso donde fueron colocadas las máquinas. Antes, ese espacio se llenaba de lodo cuando llovía. “Más me demoré en pedir, que ellos en darme los recursos. Usted sabe que los productores tenemos muchas necesidades y no tenemos dinero. Para adquirir un préstamo nos piden muchos papeles. Este fondo lo tengo que devolver en 3 años. Estoy muy agradecida”.

La demanda de chocolate ha permitido que esta empresa compre cacao a otros 2 productores de la zona; por lo tanto, empieza a dinamizar la economía local. Ana controla la calidad del cacao que compra porque sabe que de eso depende su producto. Ella se abastece de 10 a 15 sacos adicionales de cacao al año, por los que paga 125 dólares por cada uno a sus vecinos.

Con la nueva maquinaria, Ana puede procesar mensualmente de 40 a 100 libras de cacao de las que salen entre 120 a 300 bolsas de chocolate amargo de 180 gramos cada una, que entrega a almacenes de la zona a 1,50 dólares o que vende directamente a 1,75 dólares. Adicionalmente, produce barritas de chocolate dulce de 100 gramos, que vende a 0,50 centavos.

Ahora, Ana y su familia, pueden producir mejor y vender mucho más. Hoy sus ingresos son de 440 dólares por la venta de chocolate; es decir, 63% más que hace un año y su aspiración es llegar a colocar sus chocolates en la percha de los supermercados. “El fondo del compartir ha cambiado la calidad de vida de mi familia y la calidad del producto que elaboro, el chocolate que hacía antes era grueso, ahora es más fino. Pago puntualmente las cuotas mensuales de 60 dólares al fondo. Nos hemos unido más, mi familia está bien y administramos correctamente el negocio”.

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Taller agrícola y transformación de cacao, organizado por Fundación Heifer Ecuador y el Gobierno Provincial de Zamora Chinchipe, y dictado por técnicos de Manabí, realizado en la propiedad de la señora Ana Banegas.

La producción de cacao nacional orgánico fino de aroma, además, garantiza la alimentación de la familia, al llevarse a cabo en un sistema agroforestal la finca necesariamente dispone de otros alimentos para asegurar la nutrición. Doña Ana en su finca produce yuca, plátano verde, banano, papaya, naranja, guayaba, uva, guanábana, caña de azúcar. Cría animales como gallinas, cuyes, peces y chachos. De su huerta salen nabos, perejil, cilantro, lechuga, pepino, cebolla, ajo. “A veces compramos arroz, fideos, pero solo por golosos, porque todo el alimento lo sacamos de nuestra finca. Gastamos unos 30 o 40 dólares semanales en esos otros productos”. En la feria del fin de semana, Ana comercializa los excedentes de su huerta que le representan unos 30 dólares adicionales a sus ingresos.

Ana es una lideresa y un ejemplo para su comunidad: emprendedora, curiosa, innovadora. El proyecto “Comercio justo y emprendedores rurales” tiene en Ana a una buena aliada para lograr grandes cosas en su comunidad, con el apoyo a su trabajo en la cadena de valor de cacao. El soporte a esta producción está cambiando la vida y la dinámica de las comunidades. El cacao nacional fino de aroma construye identidad, pertenencia y fortalece el capital social.

Doña Ana, a story of cocoa

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Ana María Banegas Cuenca is 54 years old.  When she was a child, an intense draught in the Loja Province forced her parents to migrate.  Her new home was the Zamora Chinchipe Province, located in the Amazon region of Ecuador.  Between encounters with wildlife in the dense rainforest and learning farming practices from her parents, she domesticated seeds that to this day are with her, such as cacao beans.

Thirty four years ago, she married and moved to live on a property owned by her husband in Barrio Los Hachos in the Yantzaza Canton. Her seven children were raised among cacao plants and fruit trees.   She has two boys, Klever, who is a university graduate with a degree in business administration and Freddy, a chauffeur.  Her daughter Monica is a dressmaker. Alicia is a beauty specialist and housewife, Graciela is a housewife, Alba is a nurse and Esthela, the youngest at 19, wants to study computer science at the university.

Ana is restless and lively and never missed a chance to learn and exchange knowledge.  She remembers participating in a cacao producers’ meeting in 2006 in the Santo Domingo de los Tsáchilas province, located in the northern part of the country.  The meeting sparked her curiosity to transform her cacao plants into a profitable business.

Ana is confident of the profit from her farm production.  She provides a few bags of fine, aromatic organic cacao to a national export organization and receives US $ 130 per bag. However, her real business is the transformation of cacao into chocolate.

A year of important changes

In this project, Heifer Ecuador works with four organizations and their farmers: Fortaleza del Valle, with 950 cacao producer families; Provincial Federation of Farming Organizations of Zamora Chinchipe (Feprocazch), with 150 members producing coffee and cacao; Sisañán, with 35 cacao growing families and the Association of Organic Coffee Farmers of Palanda (APECAP), with 249 coffee and cacao producers. The project directly supports 1,319 families and works in the provinces of Zamora Chinchipe, in the Amazon region and, Manabí, on the coast of Ecuador. The objective is to increase productivity, generate better family income, add value and diversify markets for selling fine aromatic cacao and coffee.

In 2015, Ana learned about Heifer’s work in Ecuador.  At the time she was a small cacao producer: “I would strain the cacao in cans and then cover them with banana leaves. I would let them ferment for 3 or 4 days. I dried the cacao on wooden tables and would roast it in a deep metal pot over a low flame until the shell would fall off. Then I would hand peel it and when it was clean I would grind it up to three times in the grinder … I did everything manually”. This is how Ana made bitter chocolate which she would then package into half pound tubs and sell to her neighbors for US$ 1. “They bought everything I produced”. At the time she received, only from the sale of chocolate, US$270 per month.

Ana has diversified her sources of income through the sale of both raw and processed cacao products.

The project team learned of Ana’s entrepreneurial work and also of her needs and felt it was necessary to offer her better working conditions.  It was in this way that she was invited to be part of the project.

In March 2015, Ana participated in an exchange visit carried out as part of the Pachamama Raymi Fair in Zamora, organized by the provincial government.  At this event she met someone who taught her how to make sweet chocolate. “They gave me a recipe and told me to beat chocolate with sugar, little by little. At the beginning I burned the chocolate; and then I burned the sugar; but when I get an idea in my head there is no stopping me … and I began inventing little by little. Now I even make powdered chocolate”. Her love for fine, aromatic cacao prompted Ana to create the Association of Small-scale Producers of Cacao, Coffee and Other Products (APECACAO), a family organization that was legally established this year, with Ana as its president.

APECACAO comprises 11 families.  Ana’s children are part of this family association and also produce cacao. Each one is responsible for a role in the value chain.  The knowledge acquired during field training sessions organized by the project and in which Ana and her children participated has enabled them to apply technical management practices to the cacao groves under an agroforestry system. This includes practices such as pruning to control diseases, making fertilizer and liquid organic fertilizers for the soil and improving the harvest and post-harvest.

Ana has participated in three workshops.  Her son Klever has participated in seven workshops, and Freddy in four field workshops.  Her daughters have also participated in some of the trainings. “We have learned a little bit of everything….cacao management on the farm, processing, fermentation, transformation and accounting. My daughter Alicia participated in a Heifer workshop on Cornerstones and it completely changed her. This training improves our plants every day.  They are well cared for, clean and beautiful.  Before we would harvest 16 quintals, and now we harvest 25 quintal a year.”

Sharing to improve

Her farm productivity has improved by 36% and the demand for her transformed product as well. Additionally her participation in the Heifer Ecuador project enabled her to receive resources in the amount of US$1,500 through the revolving fund.  With this money she purchased a grinding machine with a capacity of approximately 5 quintals of cacao, a large sealing machine, which costed roughly US$360, 20 zinc roofing sheets to cover the fermentation area and 20 quintals of cement to build a floor where the machines will be installed. When it rained this area became very muddy. “It took me longer to make the request than for them to give me the resources”.  You know that producers have a lot of needs and we don’t have money. To obtain a loan requires a lot of paperwork.  I have to return this money in three years.  I am very grateful”.

The demand for chocolate has allowed this company to purchase cacao from two other producers in the area, beginning to energize the local economy. Ana controls the quality of the cacao she buys because she knows her product depends on this. She purchases 10 to 15 extra bags of cacao per year, paying her neighbors US$125 for each bag.

With the new machinery Ana will be able to process 40 to 100 pounds of cacao monthly and produce 120 to 300 bags of 180 grams of bitter chocolate.  She sells these to stores in the area for US$1.50 or, sells directly to the consumer for US$1.75. She also makes sweet chocolate bars weighing 100 grams and sells these for US$0.50.

Ana and her family now have better production capacity and can sell much more of their products. Today her income is US$440 from the sale of chocolate, which is 63% more than a year ago.  Her dream is to sell her chocolates on the shelves of supermarkets. “The revolving fund has changed the quality of my family’s life and, the quality of the product I produce, because the chocolate I made before was thick, now it is much finer. My monthly payments of US$60 to the revolving fund are always paid on time. We have become closer as a family, my family is well and we are managing our business correctly.”

The national production of fine, aromatic organic cacao also guarantees the family’s food supply because the agroforestry system produces other food items, ensuring good nutrition. Ana’s farm produces yucca, plantain, bananas, papaya, oranges, guava, grapes, soursop and sugar cane. She raises livestock such as hens, guinea pigs, fish and pigs. Her vegetable garden produces turnips, parsley, coriander, lettuce, cucumber, onion and garlic. “Sometimes we buy rice and pasta, but only because we are gluttons, since all of our food is produced on our farm.  We spend about US$30 or US$40 weekly on other products.”  At the weekend market fair, Ana sells surplus from her vegetable garden generating an additional income of US$30.

Ana is a woman community leader and an example for her community: entrepreneurial, curious and innovative. The project “Fair trade and rural entrepreneurs” has a good ally in Ana and can achieve great things for the community by supporting her work in the cacao value chain. Supporting this production is changing the life and dynamics of the communities.  Fine, aromatic cacao builds identity and ownership and strengthens social capital.