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Hasta que la muerte los separe

Centro ceremonial comunidad de Sacha

Marcelina y Noe se casaron el viernes de 6 de marzo en la comunidad de Sacha. Luego de que las mujeres de la comunidad ayudaran a la pareja a vestirse con lazos, borlas y mantillas de vivos colores especiales para la celebración, los novios esperaron pacientes, pero nerviosos, junto a sus padrinos.

Sacha es uno de los grupos indígenas que, en esta ocasión, ha sido favorecido por el fundamento principal del accionar de Heifer Ecuador, el compartir de recursos. Una forma de trabajo que tiene muchos años y que se sustenta en el valor de la fraternidad activa. Un hato alpaquero de 13 individuos, fue entregado a alrededor de 60 familias que conforman esta comunidad.

Sacha se encuentra ubicada en el cantón Salcedo, provincia de Cotopaxi. Esta grupo habita la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Llanganates, que es, ni más ni menos, el humedal –sitio Ramsar– en donde nace la ruta del agua que regará el lado oriental de las provincias de Cotopaxi y Tungurahua y las selváticas tierras amazónicas.

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Hato alpaquero entregado a la comunidad de Sacha

Una leve llovizna y el fuerte viento nos recordaba que nos encontrábamos en los Andes ecuatorianos. El ambiente era de fiesta, había música y en la cocina se preparaba la comida para los invitados e invitadas. En el patio se había levantado el centro ceremonial adornado con flores, plantas medicinales y frutas. Una hoguera se mantuvo prendida durante todo el acto. Allí se conjugaron los cuatro elementos de la vida: el agua, el aire, el fuego y la tierra.

La ceremonia se inició con palabras del presidente de Sacha, Fabián Peralvo. Él habló sobre la importancia del hecho de compartir entre comunidades. Recordó cómo estos actos ayudan a “revivir las costumbres de los antiguos”; es decir aquellas costumbres sustentadas en la reciprocidad, principios que son heredados de generación en generación y que son la base de la vida en comunidad.

Muchas mujeres de la población vecina de Cumbijín acompañaron en este rito. Ellas pertenecen al grupo de promotoras capacitadas en el manejo de alpacas. Son expertas en vacunar, en desparasitar y en el corte de pezuñas; saben de empadres controlados y también conocen como esquilar y clasificar la fibra de estos animales. Todos estos conocimientos obtenidos deberán replicar, a su vez, a las familias de Sacha, como parte del compartir de saberes.

Los discursos posteriores fueron de agradecimiento y bienvenida. Sacha estaba alegre por sus nuevas pobladoras. Los visitantes también. “Me siento bendecida por la vida y por el amor a la Tierra”, dijo Rosa Rodríguez, directora de la Fundación Heifer Ecuador. Al tiempo que reconoció y agradeció a las mujeres y hombres que producen alimentos sanos y cuidan el páramo.

 Mujeres promotoras de la comunidad de Cumbijín
Mujeres promotoras de la comunidad de Cumbijín

Martha Pacheco, gerenta del programa Pacha de Heifer, por su parte, enfatizó en el papel que cumplió la comunidad de San Isidro al compartir los recursos que en su momento recibieron, cuidaron e incrementaron y esta vez acogía Sacha, y resaltó la necesidad de que reciban cariño en su nuevo hogar; y en retribución, las alpacas, cuidarán el ecosistema.

La comunidad de San Isidro de Pujilí, ubicada en la provincia de Cotopaxi, fue beneficiaria de un proyecto de Heifer que se desarrolla en la sierra centro de nuestro país, para la conservación de los páramos. Hace 5 años esta población recibió de las comunidades Santa Bárbara y San Isidro de Cayambe, 34 alpacas para su manejo. Su compromiso al recibir el primer hato en el año 2010 fue que luego de 5 años se debía empezar a entregar las alpacas a otra comunidad hasta completar el mismo número de animales recibidos. En esta oportunidad, Sacha fue la población escogida para recibir la última entrega de camélidos que hiciera San Isidro de Pujilí para terminar con su compromiso.

Marcelina y Noe

El acto continuó. Jorge Naula, dirigente de Cumbijín, agradeció por este día a la Pacha Mama, e invitó a  los acompañantes tanto de Sacha, de Cumbijín y de Heifer, a comprometerse públicamente a cuidar del páramo y las alpacas. Estos compromisos son sumidos y respetados por toda la comunidad que, además, se encargará de vigilar su cumplimiento. Nuevamente, sentidas palabras agradecían a la Madre Tierra porque estos hermosos animales serían un motivo de unión en la comunidad.

Pasaron algunos minutos hasta que, por fin, la hora esperada. Marcelina y Noe, debían ingresar con sus respectivos padrinos dentro del círculo. ¡Viva los novios! se escuchaba entre los aplausos. Mientras tanto, Rosa Rodríguez y Maggie Thomas, oficial de programas de Heifer Internacional e invitada especial a este acto, fueron las que ayudaron a cubrir los largos cuellos de la pareja con una bufanda de colores, como muestra de su unión. Marcelina y Noe son parte del grupo de alpacas que llegaron a cuidar el páramo en Sacha.

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Maggie junto a su madrina Maggie Thomas

Luego fue el turno del bautizo de la primera alpaca nacida en esta comunidad, blanca como una nube, a quien llamaron Maggie. Baile y comida celebraban la abundancia, la fertilidad y la unión. Papas, habas, choclos de sembríos agroecológicos y truchas de sus vertientes, fueron convidados. Así se maneja el páramo, así se mantiene el ecosistema, así se renueva la vida.

Luego de unos años, Sacha llevará lo mismo que recibió a otra comunidad. Veremos entonces cómo ese círculo dibujado en el piso, símbolo de compañerismo y respaldo, se volverá vivo en un nuevo acto del compartir.

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