
Marilú Rivera cosecha cerezas de café maduras en su finca en El Sauce, provincia de Loja, al sur de Ecuador. Foto de Heifer International/Russell Powell.
En la entrada de su finca, Marilú Rivera ha colocado una lista de reglas. Entre ellas: sonreír a diario, pedir disculpas cuando sea necesario y trabajar en equipo.
Para Marilú, caficultora de 49 años en la provincia de Loja, esa última regla lo define todo. El equipo al que se refiere es su asociación local, PROCAFEQ, parte de la red FAPECAFES (Federación de Asociaciones de Pequeños Productores de Café Ecológico del Sur del Ecuador). A través de esta organización liderada por los propios agricultores, seis grupos —que representan a unas 1.800 familias— llevan café de mayor calidad al mercado y obtienen mejores precios.
Como parte de esta red, Marilú trabaja junto a otros productores y técnicos para obtener mayores ingresos de su café, al tiempo que contribuye a restaurar la tierra de la que depende.
En una región donde el aumento de las temperaturas, las lluvias irregulares y las enfermedades de los cultivos ponen en riesgo las cosechas, los pequeños productores enfrentan una presión creciente para adaptarse. Incluso una buena temporada no siempre garantiza ingresos estables, ya que el clima y los precios del café determinan cuánto pueden ganar de una cosecha a otra.
Para muchos, la respuesta comienza al unirse y cuidar sus cultivos con mayor intención.

El café de Marilú crece entre árboles frutales que proporcionan sombra y protegen el suelo, una práctica conocida como agroforestería. Se trata de sistemas estratificados que funcionan como un bosque: los cafetos crecen bajo árboles como el banano o los cítricos, mientras especies maderables más altas se elevan por encima.
No siempre fue así.
“Con un mejor suelo, tenemos una mejor cosecha. Estamos preservando lo poco que queda de nuestro planeta”, dice Marilú.
“Antes no sabíamos mucho… simplemente sembrábamos”, recuerda. “Ahora sabemos que también debemos cuidar las plantas y aplicar ciertos procesos”.
El paso de trabajar la tierra a gestionarla con propósito ha marcado la diferencia. Hoy, sus cafetos producen más y su finca resiste mejor los periodos de sequía.
“No nos dábamos cuenta de que todos estos árboles ayudan a crear un buen ecosistema… por eso el café crece mejor”.
Marilú ha trabajado con café desde niña. Como la mayor de diez hermanos, empezó a ayudar en la finca familiar a los diez años.

“Recuerdo días en los que no teníamos dinero suficiente para comprar lápices para la escuela”, cuenta.
De adulta, junto a su esposo trabajó como jornalera hasta heredar una pequeña parcela. Aun así, construir una vida estable tomó tiempo.
En 2004 encontró una oportunidad en PROCAFEQ, donde accedió a capacitación en fertilización, cuidado de cultivos, cosecha y manejo del suelo, gracias al trabajo conjunto con Heifer International y socios locales.
“Aprendí a fertilizar y a cultivar café con técnicas específicas. Antes solo sembrábamos sin mayor conocimiento”, dice.
A través de la asociación, los productores cambiaron su relación con el mercado. En lugar de vender de forma individual, mejoran la calidad, agrupan su producción y negocian con mayor control.
“Ahora somos nosotros, como organización, quienes fijamos el precio”, explica Víctor Yanangomez, presidente de FAPECAFES. “El intermediario ahora nos espera”.
Este cambio ha traído mayores ingresos y estabilidad. Algunos productores que antes ganaban alrededor de 200 dólares por saco de café ahora alcanzan hasta 1.000 dólares gracias a la mejora en la calidad y la venta colectiva.
En la finca de Marilú, estos resultados ya son visibles.

Con el apoyo técnico, ha incorporado cultivos de cobertura, ajustado los tiempos de cosecha y utiliza fertilizantes orgánicos como el compost, junto con microorganismos naturales que mantienen el suelo sano y productivo.
Con el tiempo, el suelo se ha transformado en un sistema vivo, con mayor capacidad para retener agua y nutrientes y favorecer el crecimiento de las plantas.
Estas prácticas reflejan un enfoque agroforestal que la FAO reconoce como eficaz para almacenar carbono y aumentar la resiliencia frente al cambio climático.
Marilú estima que su producción ha crecido alrededor de un 20%. El suelo es más oscuro y fértil, y las plantas más fuertes y resistentes.
“Los árboles están llenos de granos”, afirma.
También mira hacia el futuro: en una hectárea cultiva una nueva variedad de café con mayor potencial de calidad, lo que podría significar mejores precios en los próximos años.
“Me gusta mucho lo que aprendemos, porque puedo aplicarlo y replicarlo”, dice.
Esa capacidad de aprender, aplicar y compartir es clave en su trabajo dentro de la asociación. Lo que adquiere, lo lleva a su finca y a su familia.
Su hija Dana, estudiante de ingeniería agrícola, lo ve de cerca:
“El cultivo del café ha mejorado desde que mi mamá forma parte de la asociación. Aprenden mucho y ella lo pone en práctica”.
Hoy, el trabajo de Marilú beneficia a más personas que su propio hogar. A través de la cooperación, forma parte de un sistema que conecta a los productores con los mercados y protege el entorno del que dependen.
Para Marilú, ese progreso solo es posible trabajando junto a otros: compartiendo conocimientos, generando confianza y tomando decisiones colectivas, tal como lo indican las reglas a la entrada de su finca.
El proyecto Alianzas para el Cacao y el Café Sostenibles (PASOS), que se ejecuta entre 2024 y 2027, trabaja con organizaciones lideradas por agricultores, socios locales y gobiernos en Ecuador para incrementar la producción de café y cacao y generar medios de vida más estables.
Conecta a los productores con mejores mercados, fortalece sus capacidades empresariales y amplía el acceso a servicios financieros. Al mismo tiempo, impulsa prácticas como la agroforestería y el manejo del suelo, que contribuyen a su restauración y a la protección de la tierra.
El proyecto busca mejorar las condiciones de vida de 33.000 familias productoras, trabajando directamente con 5.500 de ellas, de las cuales más de 3.300 ya participan en zonas clave de producción de café y cacao.