
Veinticinco productores de Santa Cruz culminaron la Escuela de Agroecología, un proceso de formación que apuesta por una agricultura más eficiente, sostenible y en armonía con uno delos ecosistemas más frágiles del planeta.
A sus 26 años, la galapagueña Diana García sabe que la tierra no solo alimenta a su familia, también define su historia. Ingeniera agrónoma e hija de agricultores, ha crecido viendo cómo el trabajo en el campo sostiene a varias generaciones de su hogar. Por eso, cuando concluyó la Escuela de Agroecología, no sintió que recibía únicamente un certificado, regresaba a su finca con nuevas herramientas para producir mejor. Entre los aprendizajes que más la entusiasman está la reproducción de musáceas mediante material vegetativo sano, una técnica que permite obtener plantas de mayor calidad, reducir costos y aumentar la productividad sin comprometer el delicado equilibrio ambiental que distingue a Galápagos.

Como Diana, otros 24 agricultores -10 hombres y 15 mujeres- culminaron con éxito este proceso deformación impulsado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca y la Fundación Heifer Ecuador. Durante cinco módulos teórico-prácticos desarrollados entre febrero y junio, los participantes fortalecieron sus conocimientos en manejo ecológico del suelo, elaboración de bioinsumos, tecnologías amigables con el ambiente, agricultura protegida y buenas prácticas de manufactura, que demuestra que la agroecología es una alternativa viable para producir más, con mayor calidad y respetando uno de los patrimonios naturales más importantes del mundo.
Durante la ceremonia de graduación, Rosa Rodríguez, directora de la Fundación Heifer Ecuador, resumió el verdadero significado de esta experiencia con una analogía que marcó a los asistentes, “aprender con la cabeza, para comprender; con las manos, para poner en práctica el conocimiento; y con el corazón, para asumir el compromiso de cuidar la tierra y compartir lo aprendido con lacomunidad”. Ese concepto encontró en Diana García un reflejo natural. Su historia demuestra que, en Galápagos, sembrar conocimiento técnico para resolver problemas productivos, también es una forma de conservar este patrimonio natural.

La Escuela de Agroecología, metodología desarrollada por Heifer Ecuador, se implementó de manera participativa mediante un proceso que integró formación técnica y práctica en campo. Su propósito fue fortalecer las capacidades de las y los productores para adoptar sistemas agrícolas más resilientes, sostenibles y adecuados a las condiciones particulares del archipiélago.
Los 25 graduados representan el fortalecimiento de una agricultura que evoluciona sin perder sus raíces. Productores que demuestran que la productividad y la conservación son objetivos complementarios, que avanzan juntos cuando el conocimiento, la innovación y el respeto por la naturaleza se convierten en la principal semilla del desarrollo.
Estos productores se integran al proceso iniciado con los 60 participantes de las Escuelas de Agroecología en San Cristóbal e Isabela, quienes ya avanzan hacia una producción más sostenible. Como parte de este proceso, se implementaron cinco fincas demostrativas en cada isla, quince en total, concebidas como espacios vivos de aprendizaje, experimentación y validación técnica. En estas fincas, las y los productores pueden observar en condiciones reales cómo funcionan las prácticas agroecológicas, adaptar su aplicación al suelo, al clima y a la disponibilidad de recursos de cada territorio, y generar evidencia concreta sobre sus resultados productivos, ambientales y económicos.
El fortalecimiento de capacidades, junto con el acceso a recursos, infraestructura y mercados, permite mejorar la eficiencia del trabajo agrícola y ampliar la oferta de productos frescos para la población de Galápagos. Este aporte contribuye a una alimentación más saludable, reduce la dependencia de alimentos provenientes del continente y disminuye la vulnerabilidad asociada a esa dependencia.
